De la poca cultura de pago con el arte

Hace once meses empecé a realizar de manera voluntaria locución radial en una conocida FM comunitaria en donde resido. De colocar rock cien por ciento español, una cosa llevó a la otra y me vi de pronto como manager y organizando eventos para otras agrupaciones de la región. Es algo que comenzó como una llama a la cual le aplicas más leña conforme se va apagando para que empiece a dar más calor. 

     Y Concepción es un sitio muy frío en diversos aspectos, quizá no soy la persona más justa para decirlo, porque no nací ahí, soy porteña; de donde se ven las naves al salir y al entrar. Otra cuidad que también tuvo en su momento un movimiento musical bastante activo, en sitios como el mítico Huevo, por ejemplo, de grandes conciertos y eventos que desgraciadamente vi decrecer con el tiempo. 

     Por muchas razones continúo viajando entre estas dos regiones, y no hay duda que Biobío tiene mucho más movimiento musical en la actualidad, más incluso que Región Metropolitana y claro, por eso se habla de Conce como la nueva capital del rock, pero ¿hasta qué punto? Esto claramente surge debido el auge de bandas, pero no a causa de sus eventos. Entre estos dos lugares he apreciado grupos con sonidos renovados, con desplante on stage tal cual Axl Rose que deja peinados exuberantes, que perfectamente podrían telonear a diversos músicos consagrados, grabar un LP y vivir de aquello, pero quizás no en Chile.

    Trabajé tres años para una reconocida mutual y pude cumplir algunos sueños; conocer la torre Eiffel y ver dos veces al efervescente cuarteto ingles The 1975, con los cuales debí desembolsar aproximadamente unos doscientos mil pesos entre entradas para el festival, side show, aeropuerto (porque sí, los fui a recibir como una quinceañera más). Y si bien, esta es una banda británica, consagrada que no muchos conocen ¿A cuántos años luz estamos como chilenos de pagar por una banda nuestra emergente? 

   Cuando una agrupación musical se lo toma en serio, ejerce verdadero trabajo, se reúnen a componer, posteriormente a grabar en un estudio que solicita pago por adelantado, también al sonidista para el record de ese disco y luego venderlo. Posterior a eso, queda conseguir el local para estrenarlo y todo es mucho más difícil cuando son independientes, sin sellos o booking de por medio.

     Por otro lado; los locales, que dicen apoyar la escena, cobran porcentajes descomunales de la venta total de las entradas. Al final ese empresario también gana en consumo. Nada de malo hay en cobrar porcentajes, pero ¿no les parece mucho un cincuenta por ciento del valor de los tickets a bandas nuevas? Quizás soy una soñadora, pero no culpen a la economía actual por eso. Es un trabajo como cualquier otro y debe ser remunerado. Todos debemos quitarnos ese estigma de que el músico no hace nada por la vida, la mayoría tiene títulos profesionales, y sean o no del área, continúan invirtiendo tiempo y dinero por pasión al arte, aunque a muchos no les interese. 

      Y relato que como pude pagar casi cien mil pesos por una de mis agrupaciones favoritas, pude cancelar también mil pesos por una tocata de rock emergente en mis alrededores. Mi labor con eso va más allá del hecho de que yo sea locutora radial, va desde mi persona, de tratar de llevar a cabo una nueva cultura capaz de valorar el arte en sí ¿Cómo? escuchándolos en sus plataformas, colocando me interesa en sus eventos, ver los videos y hasta repartir folletos, porque se esforzaron mucho para lograr esa presentación. Del tiempo que llevo recorriendo, he visto músicos que cobran el mínimo de monto por show y las personas a través de mensajes suplican entrar gratis o peor, piden estar en una lista y finalmente no asisten.

Sucede que en nuestro país no existe valoración por la cultura, mucho menos con la musical. Pedimos que le saquen el impuesto al libro, pero resulta que tampoco leemos, pedimos que el gobierno invierta en más eventos, pero nos quedamos en casa. Si usted es de los que paga un ticket arena por X artista, como yo ¿Cómo no podrá llenar un salón de trescientas personas para una banda de su comuna? que incluso le queda a un bus de distancia.

     Cumpliré un año en esto y a mis auditores siempre les reitero que, si quieren ser la capital del rock, paguen. Y a los músicos, ustedes saben que no es fácil el camino, pero siempre toquen con una sonrisa, aunque el local no logre llenar, más profesionalismo demostrarán y más le pesará en la conciencia al individuo que pasó gratis y que cree que aun la música no se puede valorizar. Igualmente sucede con los actores, fotógrafos y así cuantos otros ejemplos más. Lo esencial es invisible para los ojos de algunos.  

                                                                                                                                         21 julio de 2018

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